Artículo de opinión por Lola Dyzenchauz.
Introducción
El discurso del presidente Joe Biden ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2024 marcó un momento significativo en su mandato, ya que no solo sirvió como un resumen de sus logros en política exterior, sino también como un llamado a la unidad y la acción en medio de crisis globales críticas. En este contexto, Biden asumió el papel de estadista experimentado, aprovechando su extensa trayectoria en el servicio público para exhortar a los líderes mundiales a priorizar la paz y la estabilidad en un momento en que el mundo enfrenta tres conflictos devastadores: la guerra en Ucrania, el conflicto en Gaza y las crecientes tensiones en Sudán.
Ucrania: Resistencia y el fracaso de Putin
El presidente Biden inició su discurso centrándose en la invasión rusa de Ucrania, que comenzó en 2022. Su condena a las acciones de Vladímir Putin fue enfática y resonante. Biden destacó que los objetivos de la invasión han fracasado rotundamente, lo que ha llevado a una reconfiguración estratégica en Europa que ha fortalecido a la OTAN. La inclusión de Finlandia y Suecia en la alianza es un testimonio del éxito de la política de Biden para reunir a los aliados en torno a la defensa común frente a la agresión rusa.
Biden subrayó la importancia de la solidaridad internacional con Ucrania, afirmando que “no podemos debilitarnos” y que “no miraremos hacia otro lado”. La mirada del presidente hacia el conflicto es clara; no solo es un tema de defensa territorial, sino también de principios democráticos fundamentales en la lucha contra la tiranía. La presencia del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, en la sala no solo simbolizaba el apoyo de Biden, sino también un compromiso firme con la soberanía y la autodeterminación de las naciones.
Gaza: Un llamado a la humanidad
El conflicto en Gaza fue otro de los temas centrales de su discurso. Biden condenó el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2024, pero también expresó su profunda preocupación por la situación humanitaria en Gaza. Su empatía por los millones de civiles atrapados en el conflicto fue palpable, y enfatizó que es el momento de que las partes logren un acuerdo que incluya la liberación de los rehenes y el fin de la guerra. “Es hora de que las partes finalicen los términos y aseguren la seguridad de Israel y Gaza, libre del control de Hamás”, afirmó Biden, recibiendo aplausos de la audiencia.
Sin embargo, el mensaje de Biden fue agridulce. Mientras exhortaba a la paz, las acciones de Israel en Líbano y Gaza mostraban que la escalada de violencia continuaba sin cesar. Las críticas a su administración, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos, eran evidentes, ya que muchos cuestionaban la capacidad de su gobierno para influir en las decisiones de Netanyahu y lograr un alto el fuego en Gaza. La complejidad del conflicto, junto con la creciente violencia en Líbano, dejó en claro que la situación era más que un simple llamado a la paz: era un desafío directo a la diplomacia estadounidense.
Tensión en el Líbano y la posibilidad de un conflicto a gran escala
Biden también abordó el riesgo de un conflicto a gran escala en Líbano, afirmando que “una guerra total no es del interés de nadie”. A pesar de la escalada en el terreno, su mensaje de que “una solución diplomática sigue siendo posible” fue un intento de mantener abiertas las puertas a la negociación. No obstante, la situación en Líbano es cada vez más tensa, y los recientes ataques aéreos de Israel, que resultaron en la muerte de cientos de personas, complican aún más la posibilidad de diálogo.
Las acciones de Hezbolá, que han respondido a los ataques israelíes lanzando cohetes hacia el norte de Israel, reflejan un ciclo de represalias que muchos en la comunidad internacional ven como una senda hacia una mayor violencia. El enfoque de Biden en la necesidad de una solución diplomática contrasta con la retórica beligerante de algunos líderes en la región, lo que pone de relieve la dificultad de lograr un consenso en un ambiente tan polarizado.
La defensa de su legado en política exterior
A medida que el discurso avanzaba, Biden también dedicó tiempo a defender su legado en política exterior, incluyendo la controversial decisión de retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán. Reconociendo el dolor y la confusión que acompañaron a esta decisión, Biden insistió en que había cumplido con una promesa fundamental: poner fin a la guerra más larga en la que Estados Unidos había estado involucrado. “Fue una decisión difícil, pero era la correcta”, afirmó, subrayando que había enfrentado el mismo dilema que otros cuatro presidentes antes que él.
Esta reflexión sobre Afganistán sirve como un recordatorio de los desafíos que Biden ha enfrentado en su papel como líder mundial. A medida que se acerca el final de su mandato, sus decisiones son objeto de intenso escrutinio, y su habilidad para manejar la complejidad de la política exterior estadounidense es puesta a prueba en un entorno global en crisis.
La lucha por la paz: Un legado de esperanza
El discurso de Biden fue, en última instancia, una mezcla de esperanza y realidad. A pesar de la gravedad de las crisis actuales, Biden se negó a caer en el pesimismo. Al parafrasear al poeta irlandés William Butler Yeats, quien reflexionó sobre el caos tras la Primera Guerra Mundial, Biden afirmó: “En nuestro tiempo, el centro ha resistido”. Su mensaje fue claro: a pesar de las dificultades, la cooperación internacional y el compromiso con la diplomacia son más necesarios que nunca.
La negativa de Biden a sucumbir al pesimismo fue una llamada a la acción para otros líderes. “Sé que muchos ven el mundo hoy y reaccionan con desesperación, pero yo no lo hago, y no lo haré”, dijo. En este contexto, su discurso no solo se centró en los problemas, sino que también buscó inspirar a sus colegas para que encuentren soluciones viables y mantengan la esperanza en la paz.
Conclusión
El discurso de Biden en la ONU no fue solo un recuento de logros y desafíos, sino un reflejo de la naturaleza compleja y a menudo contradictoria de la política exterior estadounidense. En un momento en que las tensiones globales son altas y los caminos hacia la paz parecen inciertos, su llamado a la unidad y a la diplomacia resuena como un recordatorio de que, aunque los desafíos son significativos, la esperanza y la cooperación aún son posibles.
A medida que Biden se acerca al final de su mandato, la pregunta sobre su legado perdura. ¿Logrará dejar un mundo más pacífico y cooperativo, o sus esfuerzos se verán opacados por la continua violencia y la inestabilidad? Su discurso en la ONU fue una firme defensa de su enfoque y un intento de enmarcar su legado en términos de esperanza y acción, en un mundo que, a menudo, parece tambalearse en el abismo del caos.

