Artículo de opinión por Lola Dyzenchauz.
El ataque ocurrido en Líbano durante la semana del 16 de septiembre, donde la explosión de cientos de walkie-talkies dejó al menos nueve muertos y más de 300 heridos, ha generado preocupación por una posible escalada de violencia en la región. Este incidente se suma a otro sucedido un día antes, cuando miles de buscapersonas o «pagers» utilizados por Hezbolá explotaron simultáneamente, causando la muerte de 12 personas y casi 3.000 heridos. Analistas señalan que estos hechos podrían formar parte de un plan más amplio de Israel para desestabilizar a Hezbolá, su principal enemigo en la zona, y podrían desencadenar un conflicto de mayor escala.
El profesor emérito Amin Saikal sugiere que este ataque es un desarrollo inquietante que podría llevar a una guerra total entre Israel y Hezbolá. La sofisticación del ataque, al dirigirse a dispositivos de comunicación clave para Hezbolá, es una señal clara de que Israel busca interrumpir las operaciones del grupo y su capacidad de mando. Este tipo de operaciones, según Saikal, no dejan a Hezbolá otra opción más que tomar represalias, especialmente considerando que el grupo cuenta con el respaldo de Irán y su “eje de resistencia”. Este eje, compuesto por grupos afines como las milicias iraquíes, los hutíes en Yemen y el régimen de Bashar al-Ásad en Siria, ha sido creado como un frente anti-Israel y anti-Estados Unidos.
Además, Saikal sostiene que el uso de buscapersonas por parte de Hezbolá refleja una estrategia para evitar que Israel intercepte sus comunicaciones, ya que el grupo ha reducido el uso de teléfonos móviles por su vulnerabilidad. Este ataque no solo busca interrumpir las comunicaciones, sino también sembrar pánico tanto dentro de Hezbolá como entre la población libanesa, que en su mayoría no apoya al grupo debido a las divisiones políticas internas en el país. La táctica de atacar estos dispositivos muestra un grado de infiltración y conocimiento de las operaciones internas de Hezbolá, lo que aumenta la sensación de vulnerabilidad del grupo. Esto demuestra la capacidad de Israel para atacar a grupos como Hezbolá o Hamas sin recurrir a operaciones militares tradicionales que impliquen el uso directo de armas.
Por otro lado, el ataque ha elevado las tensiones entre Hezbolá e Israel, especialmente después de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiterara su objetivo de eliminar la amenaza de Hezbolá, que ha actuado en solidaridad con Hamás desde el ataque a Israel el 7 de octubre. Israel ha dejado claro que sus objetivos de guerra incluyen la posibilidad de permitir el regreso de decenas de miles de residentes del norte de Israel, que han huido debido al constante fuego de cohetes de Hezbolá. El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, mencionó que la única forma de lograr esto sería mediante una acción militar decisiva contra el grupo.
En cuanto a las posibles represalias de Hezbolá, las opiniones están divididas. Algunos expertos creen que el grupo podría lanzar un ataque masivo con drones y misiles contra Israel, como lo hizo en la guerra de 2006, donde logró infligir daños significativos tanto en vidas como en la economía israelí. En ese conflicto, a pesar de las grandes pérdidas para el Líbano, el ejército israelí no logró incapacitar a Hezbolá. Sin embargo, otros consideran que un ataque de esta magnitud podría llevar a Israel a ejecutar su viejo plan de destruir completamente a Hezbolá y castigar a su principal patrocinador, Irán.
Este posible conflicto no solo involucraría a Israel y Hezbolá, sino que podría escalar rápidamente a una guerra regional más amplia. Estados Unidos ha expresado su compromiso de defender a Israel en caso de un conflicto con Hezbolá, mientras que Irán, principal aliado del grupo, también ha dejado claro que lo apoyaría en cualquier enfrentamiento. La implicación de estos actores podría llevar a una guerra de mayores dimensiones, con Estados Unidos e Israel enfrentándose no solo a Hezbolá, sino también a otros actores respaldados por Irán, como las milicias en Irak y los hutíes en Yemen. Según Saikal, es un error que los líderes israelíes y estadounidenses subestimen la posibilidad de que Irán se vea arrastrado a una guerra, dado que Hezbolá es una pieza central en la estrategia de seguridad nacional de Irán.
Además, existe la posibilidad de que Rusia, otro aliado clave de Irán, también intervenga en un conflicto de esta escala. La cooperación militar entre Rusia e Irán ha crecido en los últimos años, y Moscú podría ver en una guerra en Medio Oriente una oportunidad para fortalecer su posición geopolítica en la región. La relación entre Israel e Irán ha sido históricamente vista como una amenaza existencial por ambos lados, y tanto Teherán como Jerusalén han orientado sus políticas exteriores para contrarrestarse mutuamente. Israel, consciente del poderío nuclear de Irán, ha buscado desarrollar una superioridad militar tecnológica, mientras que Irán ha trabajado en su programa nuclear como un disuasivo contra un ataque israelí.
Por otro lado, algunos expertos opinan que, si bien el ataque a los buscapersonas de Hezbolá es una provocación grave, aún existen oportunidades para evitar un conflicto a gran escala. La intervención de la comunidad internacional, incluida la ONU, podría ser crucial en este punto. El Consejo de Seguridad de la ONU ya ha programado una reunión urgente para discutir la situación, en respuesta a la petición de Argelia. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha advertido que las explosiones representan “un riesgo serio de una escalada dramática en Líbano” y ha instado a hacer todo lo posible para evitarlo.
En conclusión, el reciente ataque a los buscapersonas de Hezbolá no solo ha aumentado las tensiones entre el grupo e Israel, sino que también ha puesto en peligro la estabilidad regional. Si bien aún no se ha desatado un conflicto a gran escala, las señales indican que ambas partes se están preparando para una posible confrontación. La situación es extremadamente volátil, y el próximo movimiento de Hezbolá, junto con la respuesta de Israel y sus aliados, determinará la forma en la que progresará el conflicto.
